Las cosas están como están. Los políticos aparecen como la tercera preocupación de los ciudadanos, tras el paro y los problemas económicos. Poco a poco van escalando hacia el número 1 del barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). Personalmente, creo que dedicarse a la política es una actitud de servicio al ciudadano que dignifica al que se presta.
A los políticos que son así, mi reconocimiento y admiración. Pero son otros políticos los que causan desafección y desconfianza. Son los “profesionales” de la política, gente que nunca ha trabajado y que, por enchufe, familia, compromiso o pago de favores se ve investido de un cargo y un salario que sí tiene la acepción de “mamandurria”, o sea, salario que no se merece. Y los políticos han generado su propia Casta.
Con la libre designación de asesores, han abierto la puerta a hijos, nueras, cuñados, hermanas y hermanos, compañeros de colegio, compromisos; es decir, han convertido la política en el ejercicio del nepotismo más exagerado de la historia moderna. En el Ayuntamiento de Madrid hay un Asesor Técnico, de 23 años, que cobra más de 42.000€ al año. ¿Asesor, “técnico”, con 23 años?
Es tan evidente el desvío de los principios del buen político que, aunque generalizar sea un poco injusto, la gran mayoría de nuestros representantes políticos de uno u otro color sólo se preocupan de los suyos, encuadrados en sus respectivos partidos. De esa manera han generado una “Casta” que no tiene precedente en Europa. Han multiplicado por tres –y a veces por cuatro o cinco- las instituciones representativas, creando un problema estructural sin revisión desde las Cortes de Cádiz de 1812, en las que se definió el modelo territorial español tal y como lo conocemos, municipios y provincias.
Esta distribución no se ha revisado hasta la Constitución de 1978, revisión que, en vez de reordenar el territorio, lo que hizo fue añadirle otro concepto superpuesto, las Autonomías que se sumaron a los municipios, provincias y diputaciones. Y, además, otros 17 Gobiernos y Parlamentos Autonómicos y el Gobierno y Parlamento Estatal, y el Senado. Esta organización política, sin ánimo de entenderla, es, además, in-sos-te-ni-ble. Y más en tiempo de crisis.
El ciudadano hace el paripé de ir a votar cuando se les llama para elegir representantes que, en teoría, deben gestionar y arreglar los problemas de una sociedad que se ha dotado con un sistema de gobierno que responde al concepto de Democracia, es decir Gobierno del Pueblo. Pero nuestros políticos, la mayoría, sólo se ocupan de resolver los problemas de la Banca y “recortar” hasta más allá de lo éticamente permisible a los mismos que les han votado.
Inyectar 40.000 millones de euros a la Banca se hizo en un minuto. Poner en tela de juicio los 3.800 millones de las pensiones por insostenible empieza a ser tema de discusión. ¿A quién representan pues?
La respuesta es como aquella conocida reflexión: vuela como un pato, tiene la forma de pato, suena como un pato.., ¿qué es? Solo hay una respuesta: un pato. Lo de las hipotecas es constatar que esta Ley Hipotecaria únicamente favorece a la Banca, a pesar de ser legal, legítima, vigente y no sé cuantas cosas más, es una auténtica mierda y perdón por lo de auténtica. Que no se extrañe la Casta de que se les grite lo de “no nos representan”.
Casi todos los colectivos sociales están en contra del Gobierno cuyo mayor mérito ha sido ponernos a todos de acuerdo en la lucha: médicos y enfermeras, padres y madres de alumnos, alumnos, maestros y profesores; jueces, fiscales y abogados, policías, bomberos, hipotecados, jóvenes en paro, investigadores, pensionistas, trabajadores de limpieza, pilotos de aviación y no pongo más porque la idea es clara: no representan más que a ellos mismos y a los que les financian, o sea, la Banca. Sinceramente, creo que no representan al ciudadano que les votó.
Acabo con la reflexión de una escritora y filósofa rusa de San Petersburgo, nacionalizada norteamericana, Alissa Zinovievna Rosenbaum, más conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand.
“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no con bienes, sino con favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias y no por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare en que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.”
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