La Infanta Cristina, una imputada Real


Que por primera vez en la historia del mundo mundial, una hija del Rey de España, la Infanta Cristina, séptima en el orden de sucesión Real, vaya a prestar declaración ante un juez como imputada debe ser una hito histórico para la monarquía constitucional porque en toda la historia de España ni ha sucedido nunca ni nadie se hubiera imaginado tanta determinación judicial.

A la gente de la calle, por lo que he venido observando, no le parece tan raro ni tan malo que una Infanta tenga que declarar por los tejemanejes de su marido en negocios poco claros. Los hay que dicen: “si ha hecho algo malo, que pague su culpa” y otros dicen: “seguro que se va de rositas porque no se atreverán a meterle mano”. Pero el clima de corrupción que España arrastra desde hace algunos años, según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de España del mes de enero, demuestra que las preocupaciones principales de los españoles siguen siendo el desempleo y la corrupción.

Ya sé que los mecanismos de la Justicia son complicados, lentos y farragosos pero la gente, lo que le llega a la gente de la calle es que en el caso Gürtel, cinco años después y con más de 200 imputados, el único culpable es, por ahora, el juez Garzón, apartado de la carrera judicial. En el caso de Blesa, ex-presidente de Caja Madrid, promotor del conocido caso de las Preferentes, en realidad una estafa de gran alcance, producida por abuso de confianza, manipulación y desinformación alevosa, el único efecto producido es apartar de la judicatura al juez Silva.

Cito, a modo de referencia, estos dos casos para decir que aquel que tiene la obligación moral de situarse como ejemplo de ciudadano, de buenas prácticas, de ética y deontología, no son sino mensajeros que le dicen a la sociedad algo tan sencillo como “si yo me salto a la torera las leyes, hacedlo vosotros también. Pero cuidado, porque si os pillan os van a machacar, multar, desahuciar, embargar y, en según qué casos, encerrar en la cárcel. Si me pillan a mí, con expulsar al juez no me pasará nada, imbéciles..!”

Nuestra democracia aún es muy joven pero este sistema de gobierno se basa, y es necesario recordarlo, en la independencia de los tres poderes: el Ejecutivo (Gobierno de la Nación); el Legislativo (Congreso de Diputados) y el Judicial, el Consejo Judicial del Poder Judicial. En España lo de la independencia de los tres poderes es teórica porque en la práctica, son los grupos políticos, básicamente dos, los que “proponen” a los jueces que responden a una u otra tendencia.

Uno se ha educado en que los jueces deben ser como el icono de la justicia (ese que lleva una venda en los ojos) para, efectivamente impartirla sin tener en cuenta al que está encausado. Porque admitámoslo: no somos iguales ante la Ley. Al menos, ante las leyes de España. El juez Castro tiene entre manos un caso mediático, monárquico, social, fiscal y judicial de cuyo resultado dependen un montón de cosas. Nunca en la historia un fiscal, Horrach, y unos inspectores de Hacienda, han arropado tanto a una imputada cuya filiación es “Familia Real”. Sin embargo, los desahucios y los embargos están a la orden del día para los Hijos de Familias de la Real…idad”.

Según fuentes judiciales, Cristina “ha hecho el papelón de su vida” al “hacerse pasar por tonta” ya que muchas de las preguntas han sido contestadas con un “no sabe, no contesta” y porque ha repetido en varias ocasiones que “confiaba plenamente en su marido”.

El pecado de amor y de desconocimiento que se arguye será muy romántico y muy Real pero comparte portadas con los 14 inmigrantes que querían entrar en España para intentar mejorar sus condiciones de vida y futuro perdiendo la existencia a cambio de nada en una fosa común. Por ello, el mundo real no tiene nada que ver con el mundo Real. Unos querían ganarse la vida y otros, como decía en su viñeta El Roto, cambiar el Paraíso Terrenal en el que vivían por el Paraíso Fiscal en el que querían vivir.

Esa es la papeleta a la que se enfrenta el juez Castro. Actuar según la Ley que conforma nuestro sistema judicial o según la Ley de los que son más iguales que otros, porque si bien la Ley es la misma para todos hay gente que es más igual que otra, según hemos visto y las cosas que pasan.

Y eso, por mucho que se empeñen las defensas de la Infanta, los fiscales, Hacienda, los que apoyan la monarquía, los eruditos y quien quiera sumarse, sencillamente, no es de recibo en los tiempos que corren

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